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Reflexiones. Temas Generales

¿El tamaño (de tu I.Q.) importa? Andres Roemer

Existe la creencia que a mayor nivel de coeficiente intelectual (I.Q.) y mejor nivel educativo, mejores ofertas laborales, mejores ingresos y – aún cuando parezca ilusorio – mayor esperanza de vida.

Pero, no creas todo lo que piensas, la correlación entre éxito y nivel de I.Q. funciona hasta cierto punto. Una vez que se ha alcanzado un I.Q. de 120, tener mayor I.Q., no necesariamente se traduce en mayor éxito en la vida.

Resulta que hay cuatro tipos de conclusiones: a) gente que por su nivel general de habilidades no puede atender la escuela (un I.Q. aproximado de 50); b) un nivel donde uno puede o no puede tener éxito en la primaria (un I.Q. aproximado a 75); c) un nivel donde uno puede o no ser exitoso en la preparatoria (un I.Q. aproximado a 105); y d) otro nivel donde uno puede o no puede terminar exitosamente una licenciatura y ser aceptado a realizar estudios de maestría o doctorado (un I.Q. aproximado de 115). Después de un I.Q. de 115, el nivel se convierte en algo relativamente poco trascendente como criterio de éxito en la vida.

Ello no quiere decir que una persona con un I.Q. de 120 no sea menos brillante, para resolver un problema analítico se necesita una persona con un I.Q. de 140 ó 180; pero para ser un empresario, abogado, doctor o arquitecto exitoso se requiere – después de cierto punto – mucho más que un I.Q. elevado.

De hecho, estamos tan obsesionados con el tema del éxito y sus causalidades, que en 1921,Luis Terman, un profesor de psicología de la Universidad de Stanford y creador del famoso examen Stanford-Binet para evaluar la inteligencia humana, se dedicó a identificar a los mejores y más brillantes (cerebros) estudiantiles de primaria y preparatoria de California. Después de evaluar y reevaluar a más de 250,000 estudiantes, identificó a 1,470 cuyo I.Q. fue en promedio entre 140 y 200 (el I.Q. de Einstein era de 150). Terman denominó a su grupo degenios “los termitas”; los niños “termitas” fueron sujetos a una de las pruebas psicológicas más famosas de la humanidad.

Por el resto de su vida, Terman cuidó y procuró a sus “termitas”, conformó sus investigaciones intituladas: Genetic Studies of Genius – para profundizar en el tema véase la obra: Outliers de Malcolm Gladwell

Terman tenía un objetivo contundente: producir los líderes del futuro en ciencias, arte, gobierno, en todo.

Para cuando las “termitas” llegaron a ser adultos, Terman se topo con una triste realidad: algunos de sus niños genios llegaron a publicar libros, de hecho dos fueron magistrados, dos legisladores estatales, un prominente servidor público estatal y varios funcionarios públicos. Sin embargo, ninguno de ellos, llego a ser una figura reconocida por sus logros. Ninguno fue premio Nobel, Pritzker, Pullitzer, o algo que se le pareciere.

 

La conclusión es que después de cierto nivel, la correlación entre elnivel de I.Q. y el éxito no es determinante. Un científico con un I.Q. de 130 tiene las mismas probabilidades de sacarse el premio Nobel que un científico con un I.Q. de 180.

Como menciona Gladwell en su obra Outliers, el I.Q. es similar a la altura de las basquetbolistas. Alguien que mida por debajo de 1.85 mts no tiene muchas probabilidades de ser gran basquetbolista. Pero aquellos que midan más allá de 1.85 mts tendrán todos las mismas probabilidades de ser grandes jugadores. Por supuesto, es mejor medir 1.93 que 1.80 mts para jugar basquetbol, pero después de 1.85 mts la altura no es determinante para definir el éxito (por cierto, Michael Jordan, el mejor basquetbolista de la historia mide 2.01 mts).

En fin, el tamaño sí importa, pero después de cierto puntaje son más transcendentes otros criterios como el grado de ambición, las circunstancias, las oportunidades, el carácter, el carisma y el nivel socio-económico para ser notable, que el tamaño de la brillantez intelectual.

 

 

 

 



Impreso en la sección de Opinión y Análisis

El Universal

Enero-24, 2009

Sugerencias para ser un mejor estudiante por Miguel Carbonell

 

1. Fíjate metas concretas respecto del trabajo que debes realizar como estudiante. No intentes aprender todo lo relativo a una materia o a un campo de estudio. Concéntrate en aprender la lección de hoy, en hacer la tarea que te dejaron, en terminar la lectura pendiente, etcétera. Se avanza mucho, en el desempeño académico y en la vida en general, cuando se dan pequeños pero ininterrumpidos pasos.

Eso no significa, sin embargo, que te debes conformar con lo más básico. Más bien debes tomar lo que acabo de decir como un punto de partida. Una vez que hayas cumplidos con los deberes primarios o los más importantes que supone la responsabilidad de ser un estudiante universitario, ya podrás dedicar todo tu empeño y toda tu energía en profundizar en el conocimiento, lo cual te permitirá ser un buen estudiante primero y luego un profesional de excelencia.

2. Escoge bien las materias y los profesores con los que vas a estudiar cada semestre. No son pocos los alumnos que eligen a sus profesores tomando en cuenta lo fácil que resulta poder aprobar con ellos. Se les llama “profesores barcos” y todo el mundo los conoce en las facultades. Pero la facilidad para pasar no debería ser el principal criterio para elegir a un profesor.

¿De qué te va a servir en tu vida profesional haber acreditado con buenas calificaciones todas las materias si en ellas no aprendiste nada o casi nada? ¿de verdad crees que nadie se dará cuenta que optaste durante toda la carrera por el camino más fácil, cuando tengas que demostrar tus conocimientos en el mundo profesional? Debes hacer un intento por cursar con los mejores maestros, sin importar qué tan difícil sea sacar con ellos buenas calificaciones. La meta principal de todo buen estudiante debe ser aprender. Una meta secundaria e instrumental es sacar buenas calificaciones.

 

3. Haz un esfuerzo por conocer y manejar todos los recursos a tu alcance. Debes estar familiarizado con los avances tecnológicos que te permitan ser un mejor estudiante. Igualmente, debes conocer bien los recursos y opciones que ofrece tu escuela o facultad para desarrollarte mejor desde un punto de vista académico. Debes conocer los horarios de las bibliotecas, la disponibilidad de asesoría individualizada por parte de algunos profesores o el acceso a base de datos que te proporcionan distintas instituciones.

No todo lo que debes aprender se enseña en el aula de clase, ni se encuentra en los apuntes que puedas ir tomando. Hay que buscar más allá y aprovechar cada uno de los recursos que tienes a tu alcance, que sin duda son muchos en la actualidad.

4. Conoce bien todo lo que ofrece tu universidad. El tiempo que pasarás estudiando en un centro universitario debe ser un espacio de enriquecimiento y de crecimiento no solamente académico, sino también personal. Si bien el principal cometido de tus días y de tus noches debe guardar una estrecha relación con los deberes que tienes como estudiante, también es cierto que siempre encontrarás la oportunidad para ampliar tus horizontes culturales o incluso deportivos, dentro de los recintos universitarios.

Es muy importante que conozcas las instalaciones deportivas, que acudas con frecuencias a los cineclubs universitarios o que recorras las exposiciones artísticas que se ofrecen. Todo ello servirá como un poderoso complemento al conocimiento técnico que deberás adquirir en la carrera y, a la postre, te dará una perspectiva más rica de la vida y de las muchas opciones que te ofrece tu país.

5. Aprende de forma activa. El número de horas disponible para cada materia es muy escaso. Hay materias en las que se deben dar muchos contenidos, de modo que a veces la exposición de clase debe ser breve. No te conformes con eso. Busca por ti mismo y profundiza en los temas que se vieron en la clase.

Pídeles a tus profesores que te recomienden bibliografía extra y materiales de refuerzo sobre los temas que van estudiándose en clase, para que puedas complementar los apuntes. Busca en internet las referencias que puedan existir (que seguramente sumarán cientos o incluso miles) e incorpora lo que consideres más importante en tus apuntes.

6. Maneja bien tu tiempo. La principal ocupación que debe tener un estudiante… es estudiar. Todo lo demás se debe subordinar a ese objetivo principal de los años que vas a pasar en la facultad.

Debes organizar tu tiempo de manera que el objetivo principal del día gire alrededor de tu horario de clases. Debes llegar fresco y descansado a tomar las clases, para que las aproveches por completo. También debes prever un espacio suficiente para hacer las tareas y para poder repasar lo que día con día irás viendo en clase.

Lo más práctico es hacer un esquema por escrito en el que dividas las horas disponibles y les asignes las tareas que debes realizar a lo largo del día. Debes hacer una planeación exigente, pero realista. De nada sirve que te propongas estudiar seis horas diarias si luego terminas dedicándole a esa actividad solamente dos. Hay que ser prudente y reconocer debilidades y fortalezas, pero siempre intentando dar el mayor esfuerzo que sea posible, para lograr la excelencia académica.

7. Desarrolla y mejora tus hábitos de lectura. Si estudias alguna carrera de ciencias sociales, la forma principal en la que desarrollarás tu aprendizaje será leyendo. A veces tendrás que leer textos un tanto áridos, plagados de tecnicismos y cuestiones detalladas. Algunos puede que te resulten aburridos, en comparación con una buena novela o un libro de poesía. Pero no hay ninguna otra forma por medio de la que puedas aprender, de modo que tendrás que dedicarle muchas horas a la lectura.

Siguiendo lo señalado en el punto anterior, haz un esquema de tiempo que vas a dedicar a la lectura diaria. Debes ser razonable, pero también debes estar consciente de que la lectura es uno de tus empeños principales como estudiante. Un estudiante que no lee es un mal estudiante, sin excepción. Poco a poco, procura incrementar el número de horas dedicadas a la lectura, hasta que adquieras un ritmo razonable de lectura diaria.

8. Desarrolla y mejora la atención que pones en clase y la forma en que tomas apuntes. No debes considerar que la clase es algo secundario en tu proceso de aprendizaje. Al contrario. La clase es el lugar y el momento más importante, a partir del cual puedes desarrollar todo tu potencial como estudiante.

Para aprovechar mejor la clase debes intentar sentarte en las primeras filas del aula y seguir con atención lo que van diciendo los profesores. Igualmente, debes esmerarte en tomar buenos apuntes, incluso comparándolos con los que toman otros compañeros, quienes te pueden auxiliar para completar alguna parte de la exposición que no hayas podido recoger debidamente. La confección de unos buenos apuntes puede hacerse perfectamente como un trabajo colectivo, en el que varias personas aporten y complementen lo que otros fueron tomando en clase.

Los apuntes no son el fin del camino en la ruta del aprendizaje, sino su inicio. Ningún estudiante que aspire a desarrollar un nivel de excelencia debe confiarse de que unos apuntes contengan todo el conocimiento sobre una materia, ni siquiera todo el conocimiento relevante.

Los apuntes deben guiarte respecto de los temas que el profesor considera más importantes y del enfoque que estima que debe adoptarse en cada punto, pero a partir de lo que hayas podido recoger en ellos, debes desarrollar una estrategia individual o colectiva de estudio que te permita ir profundizando en los temas y adoptando puntos de vista complementarios, incluso de escuelas de pensamiento que pueden no ser compartidas por tus profesores. Tener pluralidad de pensamiento es un rasgo que distingue a los profesionales más exitosos; esa pluralidad debe ser adquirida y ejercitada desde la carrera, cuando vas adquiriendo los conocimientos que te permitirán destacar en tu vida adulta.

9. Desarrolla y mejora la forma de escribir y de hablar. Una de las capacidades que debes adquirir en la carrera es la de hablar y escribir correctamente y con fluidez. La capacidad comunicativa es indispensable no únicamente para poder tener un buen desempeño profesional, sino también para desarrollarte en cualquier ámbito de la vida.

Debes ser capaz de hablar en público y de poder expresarte por escrito en distintos formatos: lo mismo ensayos académico que propuestas profesionales de contratos o convenios. Cualquiera que vaya a ser tu destino profesional, lo más seguro es que requieras de un buen nivel comunicativo, tanto en forma verbal como escrita. Debes aprovechar tu época de estudiante universitaria para mejorar en ambos aspectos.

10. Involúcrate en actividades extra-curriculares, que te permitan convivir, hacer amigos y desarrollar habilidades sociales que te serán muy útiles para tu posterior desarrollo profesional y personal.


Hay muchas maneras de lograrlo. En algunos de los puntos anteriores ya hemos mencionado algunas actividades culturales e incluso deportivas que puedes realizar en tu universidad. También nos hemos referido al trabajo en equipo que debes hacer para comparar y enriquecer los apuntes de clase o para preparar presentaciones colectivas, etcétera. Además de todo eso, que no es poco, puedes participar con tus compañeros y profesores a través de las redes sociales, que suministran hoy en día una plataforma extraordinaria de comunicación, del todo apta para compartir información y enriquecer tu experiencia universitaria.

 

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¿El propósito de la vida es ser feliz? por Andrés Roemer

Supongamos que existiera una máquina que nos pudiera ofrecer cualquier experiencia que deseáramos. La que sea. Imaginemos que distinguidos neurocientíficos estimularan nuestro cerebro para que pensáramos y sintiéramos nuestras fantasías. Estimado lector, defina su cosmovisión fantástica; los neurocientíficos van a hacer posible todas las ilusiones que lo hagan feliz –de por vida… pero bajo una sola condición: estar flotando en un tanque conectado con electrodos a su cerebro, para con ello poder “vivir” el simulacro de la vida perfecta. Dos preguntas:

    • ¿Usted se conectaría a esta superdotada máquina de por vida preprogamado de antemano a todas sus aspiraciones y fantasías?…

 

    • De hecho, le pregunto: ¿hay algo más importante cómo propósito de vida que ser feliz?


El creador de este experimento (1974) fue el filósofo Robert 
Nozick; y él concluyó que la respuesta a la primera pregunta es: “NO” y a la segunda pregunta es: “HAY MUCHAS COSAS QUE IMPORTAN MÁS QUE SER FELIZ.”


El dilema es simple: ¿qué es preferible, una vida simulada llena de placer y felicidad o una vida real marcada por experiencias diversas de desesperanzas, esperanzas, alegrías, amor, desamor, desilusiones, éxitos parciales y sueños incompletos?


A pesar de lo atractivo y seductor de “ser feliz para toda la vida”, muchos preferimos la vida en su existencia plena (con altas y bajas) en vez de la felicidad bajo electrodos.


La vida real, compleja, es un propósito en sí mismo. Queremos hacer y experimentar, no solamente sentir el placer de hacerlo. Sin duda, no todos somos como los otros. No todos piensan como Nozick o como su servidor. Hay muchos que su vida se conecta a “electrodos sustitutos”. Ingieren drogas que afectan la bio-química de su cerebro; asumen religiones que son un placebo contra la ansiedad que representa el sentido de la muerte (o el significado de la vida). O más común, “viven en piloto automático” las horas de su cotidianidad, para no sentir lo profundo de una vida compleja.


  Para los que renunciamos al “tanque de la   felicidad virtual”, la plenitud (felicidad) debe   conectarse con la intención de pensar, de   sentir lo que se piensa, de pensar lo que se   siente. En suma: concientizar que el   propósito de la vida es una vida con propósito.   El propósito implica estar vivo. Estar vivo   conlleva vivir una vida examinada.



Los terapeutas – desde masajistas y estilistas has pseudo-psicólogos y coachespersonales – mantienen la falsa creencia de que la gente debe sentirse bien consigo misma todo el tiempo, una noción que la ciencia socio-biológica encuentra fatalmente irreal. Todos tenemos contratiempos o días malos, periodos de tiempo difíciles o días de “mala suerte”.


Cualquier masajista, maquillista, futbolista o florista puede ser autoridad para “terapiar” a un necesitado. Nuestra búsqueda de sentido de la felicidad inmediata y la fragilidad de nuestra natura humana hacen de la terapia un sentido sin sentido psicológico. Eso es en lo que ha caído la comprensión de la psique y el sentido de la vida.


La psicología optimista sostiene que se vive mejor cuando se es entusiasta que cuando se es pesimista (¿obvio?). Pero, qué tanto nos engañamos con la visión de que todo está en la mente y la realidad no existe.


Lo relevante, es que muchas veces, el camino fácil a la felicidad, no nos provoca. Aún más, para la neurociencia la felicidad no es el fin del trayecto, sino el trayecto en sí.


Impreso en la sección Opinión y Análisis
El Universal
Febrero 7, 2009

Carta de Emilio Rabasa Gamboa al presidente Sarkozy

J’Accuse…! (Carta al presidente Sarkozy)1

 
 

A.M. Nicolas SarkozyPrésident de la RépubliqueMonsiuer le Président.

No discuto que un mandatario defienda a sus connacionales sujetos a proceso en otro país. Pero hacerlo en términos tan antidiplomáticos mezclando un asunto estrictamente judicial con un amplio programa cultural, me parece inamistoso tanto con el pueblo mexicano, como con el pueblo francés, destinatario del magno evento.

El caso Cassez le brinda un buen pretexto para intentar mejorar su deteriorada imagen en las encuestas de opinión. A usted no le interesa tanto Florence como las próximas elecciones, sin pensar en las próximas generaciones, por eso carece de la talla de los grandes estadistas galos como De Gaulle o Mitterrand.

Agotadas las instancias jurisdiccionales mexicanas podría usted haber recurrido a los tribunales internacionales, pero en lugar de eso decidió escalar innecesariamente un conflicto entre dos pueblos entrañablemente unidos por la historia y la cultura.

Es completamente fuera de lugar y una inaceptable arrogancia, utilizar el programa del Año de México en Francia que comprendía más de 293 eventos a realizarse en su país este año, de carácter cultural, académico, científico, turístico y gastronómico para dedicarlo a una mujer acusada y sentenciada por delitos de ¡secuestro y delincuencia organizada!

Su decisión afecta a una parte muy sensible del pueblo mexicano: sus artistas, no pocos de los cuales vivieron en París y respiraron el arte y la cultura francesa de su tiempo. Su innecesaria rudeza, señor presidente, es un golpe a las máscaras mayas de jade, a la pintura de Diego Rivera y Frida Kahlo, a las estampas de José Guadalupe Posada, a Tamayo y Toledo, a Juan Rulfo y Carlos Fuentes, ex embajador de México en Francia, a la dramaturgia de Sabina Berman y la escultura de Manuel Felguérez, para sólo mencionar una pequeña muestra de las obras programadas, de cuya presentación usted ha privado al pueblo de Francia.

Su insistencia en la extradición de Cassez con base en el Convenio de Estrasburgo sobre el traslado de personas condenadas firmado por México y Francia, sólo revela ignorancia sobre los alcances de este instrumento internacional. Llamo su atención a que el artículo tercero establece como condición para la transferencia, el acuerdo entre el Estado de condena (México) y el Estado de cumplimiento (Francia), lo que no se ha dado.

Ese desacuerdo se debe a que Francia expresamente rechazó los artículos noveno párrafo 1 a) y décimo, que se refieren a que se prosiga con la aplicación de la pena en el Estado de cumplimiento una vez realizado el traslado. En su lugar, el gobierno francés indicó que el Estado administrador de la pena es competente para suspenderla o reducirla, esto es, modificarla (Declaración al firmar el 27 de abril de 1983). Por lo que hace a México, nuestro gobierno señaló que la modificación de la pena por el Estado de cumplimiento no es aplicable si el gobierno mexicano responde favorablemente a la solicitud de traslado (Declaración del 13 de julio del 2007). Hay pues incompatibilidad en las reservas que ambos gobiernos establecieron en el citado convenio.

Si el gobierno mexicano aceptara el traslado, sin duda alguna su Estado pondría en libertad a Florence, con lo que el aparato judicial francés estaría actuando como corte de casación de los tribunales mexicanos, lo que a todas luces es jurídica y políticamente inadmisible. ¿Por qué no explicó esto en su reciente conferencia de prensa flanqueado por los padres de Cassez?

Parafraseando al inmortal francés Émile Zola, “Señor presidente, concluyamos que ya es tiempo”.
Yo LE ACUSO de haber violentado innecesariamente las relaciones diplomáticas con México.
ACUSO que haya usted privado al generoso pueblo francés de un acercamiento cultural con varias de las mejores expresiones del arte y cultura mexicanas violando el pacto cultural que usted mismo había propuesto para celebrar el 2011 como el Año de México en Francia.

ACUSO de pretender humillar a nuestros artistas, científicos e intelectuales, al asociar sus presentaciones con un conflicto estrictamente judicial.

Finalmente le ACUSO de pretender subordinar y doblegar nuestra justicia soberana a la de su país, mediante la revisión y eventual revocación de una sentencia emitida por dos tribunales mexicanos de acuerdo con las reglas del debido proceso legal.

Con todo el respeto le recuerdo esta frase de Zola:
C’est un crime d’avoir accusé de troubler la France ceux qui la veulent généreuse, á la téte des nations libres et justes… C’est un crime d’égarer l’opinion, d’utiliser pour une besogne de mort cette opinión qu’on a pervertie, jusqu’á a la faire délirer. (Es un crimen haber acusado como perturbadores de Francia a cuantos quieren verla generosa y noble a la cabeza de las naciones libres y justas… Es un crimen extraviar la opinión con tareas mortíferas que la pervierten y la conducen al delirio).

Artículo publicado en la revista electronica hecho y derechos.http://www.juridicas.unam.mx/publica/rev/hd/art_048.htm

Avala Corte prohibicion de fumar en lugares cerrados

Por unanimidad de votos, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) avaló la prohibición para fumar en locales cerrados de acceso público en el Distrito Federal, establecida en la Ley de Protección a los No Fumadores del Distrito Federal.

En la sesión de este lunes, los ministros respaldaron el proyecto del ministro José Ramón Cossío, que niega el primero de seis amparos promovidos por cadenas de restaurantes y hoteles, pero quedó pendiente la votación definitiva, que se formalizará en la sesión de mañana.

El pleno rechazó los argumentos del demandante, en el sentido de que la prohibición viola garantías como las de libertad de trabajo, no discriminación de los fumadores y derecho de propiedad.

En el debate, los ministros coincidieron en que la disposición no prohíbe a las personas fumar, ni impide a las empresas continuar con sus actividades, sino que se trata de una medida proporcional y adecuada para combatir el tabaquismo, que es un grave problema de salud pública.

El ministro Salvador Aguirre consideró que la ley debe proteger a los no fumadores, pero Arturo Zaldívar explicó que la ley pretende proteger tanto a fumadores como no fumadores, incluidos los fumadores pasivos, es decir, quienes de manera voluntaria se colocan en situación de inhalar el humo generado por quienes fuman.

El pleno desestimó también el argumento de que la Asamblea Legislativa del Distrito Federal carece de facultades para legislar en materia de tabaco, por tratarse de una competencia exclusiva del Congreso de la Unión, que expidió Ley General para Control del Tabaco, expedida por el Congreso de la Unión, la cual prevé la existencia de zonas de fumadores dentro de los establecimientos mercantiles.

Sin embargo, el ministro ponente, José Ramón Cossío recordó que la Corte ya se había pronunciado sobre este tema en septiembre del 2009, cuando desechó una acción de inconstitucionalidad promovida por asambleístas del Distrito Federal  en contra de la legislación local.

En esa resolución, la Corte determinó que la Asamblea sí es competente para legislar en la materia.

Los criterios establecidos en la sesión de hoy permitirán resolver el primer paquete de seis amparos presentados en contra de la Ley de Protección para los no Fumadores, quedando pendientes dos más, que impugnan diversas disposiciones de la Ley General para el Control del Tabaco.

¿Del 1 al 10 que tanto confías en ti mismo? Andrés Roemer

¿Qué tan bueno o malo es el exceso de confianza? En mayo de 1997 Garry Kasparov -el mejor jugador de ajedrez del planeta- fue derrotado por la computadora de ajedrez de IBM Deep Blue. Para muchos esa fecha marca un parte aguas en la certeza de la superioridad del ser humano sobre las maquinas, o cómo la revista Wired lo describió “(desde ese día) la raza humana tiene un complejo de inferioridad… y el lugar de la humanidad en el orden de las cosas se modificó.”

Kasparov había vencido con facilidad a una versión anterior de la computadora de IBM, así que se sentía confiado en hacerlo nuevamente; se equivocó. Al final Kasparov comentó que su fracaso se debió a su éxito, pues sobre-confió en los logros acumulados y nunca se percató que cada juego exige nuevas –y repensadas- estrategias.

Confiar en que acertaremos nos ayuda a asumir riesgos y reducir el estrés que ello implica. Sin embargo, suele haber momentos en los cuales la confianza en uno mismo provoca que se relaje el intelecto, que uno sea menos perseverante, menos inquisitivo y actúe improvisadamente. La consecuencia natural de tomar decisiones en ese escenario es el error. Siempre es mejor recordar: No creas todo lo que piensas.



Al estudiar la sobre-confianza los científicos sociales idearon el término “calibrado”, el cual pretende medir la diferencia entre las capacidades reales y las supuestas. Los estudios concluyen que en general estamos mal calibrados: creemos ser mejores de lo que en realidad somos para ciertas actividades, prioritariamente aquellas que necesitamos para trabajar. Por ejemplo, el ejército de los Estados Unidos realizó un estudio para el cual primero pidió a un grupo de soldados de Fort Benning predecir qué tan bien harían una prueba de tiro y posteriormente les pidió realizar dicha prueba. Los soldados predijeron que darían en el blanco 75% más veces de lo que realmente hicieron.

¿Cómo generamos el exceso de confianza? Cuando logramos lo que queremos confirmamos la certeza de nuestras acciones o creencias. Antes de observar las circunstancias que favorecieron el acierto preferimos simplemente atribuir esa “victoria” a nuestras capacidades. Así se inicia un círculo que reafirma constantemente la confianza en uno mismo. Pero cuando los hechos demuestran que tomamos decisiones erróneas, rompemos ese círculo y somos proclives a atribuir los fracasos a causas que escapan de nuestro control y voluntad –vgr. el destino o la mala suerte-.

Además, si cometemos el error en un momento cumbre -en el juego por el campeonato o la batalla decisiva- todo acierto precedente se nos devela como simples victorias pírricas. El problema para líderes y expertos es que su trabajo consiste en tomar constantemente decisiones en momentos cumbre y cualquier error tiene consecuencias graves.



Como lo señaló el Best Seller Malcolm Gladwell durante la tercera edición de La Ciudad de las Ideas, todos cometemos errores, pero no todos los errores tienen las mismas consecuencias y ello depende en buena medida de la posición de autoridad o poder que tenga cada quien. Una persona que no se percata de una luz roja en el semáforo podría causar un accidente más o menos grave, un controlador de vuelo incapaz de advertir un peligro puede provocar una tragedia, pero un presidente que declara la guerra suponiendo que controlará a la resistencia en unas semanas -sin conocer el territorio enemigo y sin considerar sus motivaciones- llevará a la muerte a miles de personas.

Según Gladwell, durante la gran depresión de la década de 1920 y durante la crisis financiera que estamos viviendo el problema fue la sobre-confianza de los ejecutivos y expertos de las grandes instituciones financieras. Mientras los grandes bancos internacionales entraban en crisis sus CEO se tomaban el tiempo para jugar golf, retrasando decisiones importantes, suponiendo ingenuamente que podrían controlar la adversidad. Al respecto, debo decir que si bien coincido con Gladwell en que la soberbia es un mal en cualquier escenario de decisión; no parece haber evidencia empírica que sustente una correlación entre la sobre-confianza y la crisis financiera.

Entonces ¿deberíamos estar perfectamente calibrados? No necesariamente, durante la investigación de Fort Benning los únicos cinco tiradores que acertaron su predicción –que estaban “bien calibrados”- fueron los cinco peores. Tener sobre-confianza en uno mismo no sólo es natura human, sino recomendable siempre y cuando se pueda llegar a lo que los psicólogos llaman punto óptimo de ilusión: el punto donde el exceso de confianza no supone un relajamiento de nuestro esfuerzo por lograr los objetivos. En este sentido Gladwell sugiere tener un poco de sobre-confianza para con la familia de nuestra pareja.

Como dice una frase atribuida a Kasparov “Es mejor un pequeño exceso de confianza que lo contrario. Si uno no se equivoca, es porque no corre los riesgos necesarios para ser un innovador.” Pero no olvidemos la palabra pequeño.

¿Deberíamos reprobar el reprobar? por Andres Roemer

Para un estudiante reprobar no sólo implica repetir el curso sino también una marca: “ser un reprobado”, “un burro”, “un loser”. “Reprobado” es un calificativo que no admite matices ni explicaciones, es el anuncio de la incompetencia que antecede cualquier esfuerzo del alumno, es la advertencia que despierta un prejuicio en profesores, padres y compañeros.

Nos han dicho que si un alumno no demuestra saber lo “suficiente” -cabría preguntarse suficiente con relación a qué o quién y para qué y según quién, mas no será aquí donde lo analicemos- deberá repetir el curso para aprender lo que aún desconoce, así se garantiza que los alumnos adquieran conocimientos de acuerdo con su grado. Pero ese es un mito.

Repetir el curso no necesariamente mejora el rendimiento académico, por el contrario con frecuencia desmoraliza e impregna un estigma: el de ser un fracasado. La Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos estima que alrededor del 13% de los estudiantes de sus países miembros repiten algún curso; y señala que en Escandinavia, en países del este de Europa y de Asia son escasos los reprobados.

Francia es un caso peculiar, más del 38% de sus estudiantes repiten curso. Lo intrigante es que, en comparación con sus pares de otros países, los estudiantes franceses tienen menor confianza en sí mismos. La Asociación Internacional para la Evaluación del Rendimiento Escolar, realizó una prueba de las habilidades de lectura, a estudiantes de 10 años de edad procedentes de 45 países. Los niños franceses hicieron una lectura tan fluida como la mayoría de sus pares europeos. Pero cuando se le pidió valorar su propia habilidad de lectura se colocaron en los últimos lugares apenas por encima de sus pares de Indonesia y Sudáfrica, donde el analfabetismo es un grave problema. Para los especialistas el problema del sistema educativo francés es que se basa en métodos de enseñanza y evaluación del siglo XIX y soslaya el papel de los deportes, la educación musical, artística y emocional, así como el desarrollo de habilidades sociales en la formación de los estudiantes; problemas que también padece el sistema educativo de México.



En diversas partes del mundo se pretende trascender el sistema tradicional de educación en el que rigen las normas “cállate, siéntate, escucha, copia del pizarrón, lee en silencio, memoriza y repite” por uno en el cual el alumno se vea incentivado a aprender, donde las normas sean: “pregunta, investiga, propón, descubre, interactúa, juega, practica, diviértete mientras aprendes y debate”.

Los alumnos no debieran estudiar para evitar ser reprobados, sino para ser alumnos de excelencia, para ganar becas, para aprender a hacer mejor lo que les gusta, para divertirse y ser exitosos. Hay una profunda diferencia entre el enfoque de estudiar por temor a la calificación, y estudiar por lograr expectativas. El primero ve la evaluación como un fin en sí mismo y lleva a realizar lo mínimo necesario para no ser estigmatizado como fracasado, mas no garantiza el aprendizaje: los alumnos pueden dedicar una noche completa para aprobar un examen, hacer trampa o tener surte al contestar preguntas de opción múltiple. El segundo enfoque ve a la evaluación como una herramienta, mas no se trata de aprobar por aprobar a los alumnos, se basa en identificar qué le gusta hacer al alumno, en motivarlo y ofrecerle herramientas para que él mismo desarrolle sus habilidades.



En su libro “El Elemento” Sir Ken Robinson ofrece números ejemplos de personajes mundialmente reconocidos por su trabajo, quienes encontraron el éxito gracias a su obstinación por desarrollar habilidades para sus actividades preferidas, a pesar de recibir una educación tradicional (vgr. Matt Groening, Guillian Lynne y Paul McCartney). Para Robinson, las pruebas estandarizadas de cociente intelectual sólo nos permiten evaluar la habilidad para resolver problemas mediante el razonamiento matemático y verbal: sólo mide cierto tipo de inteligencia. Por ello, la pregunta fundamental en la educación tradicional ¿qué tan inteligente eres?, debe reformularse en ¿de qué modo eres inteligente? Como dice Robinson “el futuro de la educación no está en la estandarizar sino en personalizar; (…) en cultivar la verdadera profundidad y el dinamismo de las habilidades humanas de todo tipo.”

Responder la pregunta que titula este artículo exige preguntarnos ¿en relación con qué (vgr. los estándares de la OCDE, las necesidades de la economía global, la situación hace diez o cincuenta años) deberíamos valorar al sistema educativo de México? Es evidente que la educación en México tiene graves rezagos en comparación con los países de la OCDE y algunos países en desarrollo, pero la pregunta pertinente es ¿cómo mejorarlo?

Evitar pensar en la muerte nos quita la vida

Evitar pensar en la muerte nos quita la vida.

El nacimiento y la muerte tienen como denominador común la vida, ambos la implican, pero adicionalmente suelen tener como efecto secundario su ponderación o por lo menos su contemplación. Cada vez que estamos en presencia de un nacimiento o de un deceso, una emoción intensa destella en nuestra cara y como acto reflejo abrimos un ojo a nuestra propia existencia, nos damos cuenta que somos falibles, que no somos eternos y que apenas somos una breve historia en un universo infinito; luego, el letargo viene nuevamente y nos sumimos en la inconsciencia del tiempo y sus efectos, preocupados por el quehacer cotidiano y lejos, muy lejos de nuestro corazón y el de los nuestros.

Evitar pensar en la muerte, paradójicamente nos quita la vida, debido a que sin mas, nos abandonamos a nuestro destino, esperanzados en que en algún otro momento vendrá nuestra recompensa por tanto sufrimiento; le damos espacio a la prudencia, y evitamos luchar por nuestra felicidad hoy, después de todo tras el crisol del mañana, siempre encontramos un mejor lugar para enjuagar nuestras heridas.

Nuestro deambular inconsciente hace que día tras día nuestra vida nos vea de reojo, esperanzada en que en algún momento le demos sentido, la tomemos en cuenta; sin embargo, nada de eso sucede sino hasta el final, donde no hay tiempo ya para la especulación, y aún ahí, seguimos creyendo que la vida no se acaba, que tendremos otra u otras oportunidades para despilfarrar nuestra existencia.

Esta forma de abandonarnos, a mi entender no tiene que ver con deshacernos de un carga imposible, esta actitud a mi juicio, es el pretexto perfecto para que al final del camino no nos reprochemos por todo lo que pudimos haber hecho y no hicimos.

Si estuviéramos consientes de lo  efímero que es nuestro andar por este mundo, derrochar nuestra existencia sería mucho mas bochornoso; en cambio, creyendo que somos eternos bien podemos desperdiciar uno, dos días, algunas semanas y hasta años, sin que nos lastime la desconsideración para con nuestro propio espíritu, sin que nos reviente en la cara la forma tan injusta de malgastar cada aliento.

Por eso le invito a aferrarse a su vida, tenga el coraje de luchar con ella por ella, que nada lo detenga, no debe caber la apatía, la pereza o el miedo en algo tan importante; ¿después de todo que  puede perder que no este perdiendo ya? ¿Su vida? ¿Cual?

J.M. Charles