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Derecho y algo más

Silenciar al disidente. La Suprema Corte contra la libertad de expresión.

Para leer el artículo, de un click en la siguiente liga: http://www.miguelcarbonell.com/artman/uploads/1/Ultrajando_a_la_Constituci_n.pdf

¿Puede decirnos el Estado con quién ir a la cama?

 
José Manuel Valverde

¿Puede decirnos el Estado con quién ir a la cama?

José Manuel Valverde, especialista en Derecho civil —del que se ha ocupado desde hace casi 50 años—, nos ofrece en esta entrevista las razones que explican el falso debate que se da en la sociedad sobre la posibilidad de que las parejas homosexuales puedan contraer matrimonio o adopten. En el fondo, nos dice, todo se debe a una intromisión del Estado en la vida privada de las personas.

 En términos generales, ¿considera usted que el Derecho familiar ha evolucionado en nuestro país?

El Derecho familiar se ha complicado porque el Estado ha confundido su función en este campo, ya que en lugar de dedicarse y concretarse a vigilar que los padres cuiden, protejan, respeten, se hagan cargo del mantenimiento de sus hijos y resuelvan los problemas de carácter patrimonial en el seno de la familia, ha querido codificar las relaciones entre los cónyuges, inmiscuyéndose en su vida privada y en su vida sexual, y ha creado la institución del matrimonio como institución del Derecho civil. Esto realmente está fuera de sus funciones, pues literalmente el Estado se mete en la cama de sus gobernados, y ésa no es su función. Al Estado no debe importarle la persona con la que un ciudadano se relaciona íntimamente ni la persona con la que vive, ni el tiempo que vive con ella, ni su sexo, ni su lugar de residencia. Ésas no son funciones del Estado. El matrimonio, como institución de Derecho civil, está en proceso de extinción, tiende a desaparecer.

 ¿Qué vinculación tiene la religión con la conducta de los ciudadanos?

La conducta moral de los ciudadanos, de los gobernados, está regulada por la idiosincrasia de cada quien, o por la religión que profesan. Las religiones regulan la conducta moral de los sujetos y continuarán rigiendo el matrimonio y estableciendo normas para los que quieran sancionar su vínculo de esa manera; pero ésta no es función del Estado.

 ¿Cómo surge el matrimonio en el Derecho familiar?

El matrimonio es una institución natural que existía desde la época de las sociedades paganas como un hecho social; las parejas se reunían en función de los usos y costumbres de cada lugar y de cada época, a través de gestos y señales externas que formaban parte de sus ritos iniciáticos, vinculados a su vez a los ritos de la fertilidad; ésa era la forma en la que se unían las parejas.

 ¿Cómo se dio esta evolución del matrimonio en el Derecho familiar?

En el Derecho romano no existía el matrimonio como institución de Derecho civil propiamente dicho. El Derecho sólo regulaba las consecuencias de ese vínculo: lo que se relacionaba con los hijos, con la patria potestad, con las cuestiones patrimoniales; pero no existía un rito o una formalidad especial alguna en la que interviniera el Estado. El matrimonio se regía por los usos y costumbres del lugar; por ejemplo, los padres del pretendiente acudían a la casa de la pretensa, convenían entre ellos y una vez que se obtenía el consentimiento de los participantes en la relación se producían los actos externos: se llevaba a la novia a la casa del novio; si ésta era recibida con algún alimento, con algún convite o con algún dulce, o simplemente se le daba agua, quería decir que era aceptada y entonces quedaba sellado el acuerdo matrimonial. Posteriormente, venía un festejo, una fiesta de acuerdo con los usos del pueblo; eran ritos iniciáticos de la fertilidad.

En muchas partes del mundo las religiones recogieron estos ritos, los sacralizaron y los regularon. Y en todas las épocas han regulado la institución del matrimonio desde el punto de vista moral; por ejemplo, entre los mayas y los aztecas, la unión conyugal se llevaba a cabo con la intervención del sacerdote. De la misma manera sucede entre los judíos, entre los musulmanes, entre los cristianos y en las religiones orientales. Posteriormente vino la Ilustración y con ella apareció la secularización y la separación de la Iglesia y el Estado. Éste quiso suplantar el papel de las religiones y rodeó al matrimonio de ciertas formalidades. De este modo creó la institución del matrimonio en el Derecho civil.

 FRAGMENTO DE LA ENTREVISTA EFECTUADA A JOSÉ MANUEL VALVERDE, PUBLICADA EN LA REVISTA EL MUNDO DEL ABOGADO DEL MES DE DICIEMBRE DE 2010.

Recomendación

Lean el documento que aparece en la siguiente liga (enunciado subrayado en la parte infererior de este párrafo); en él van a encontrar la opinión del Doctor José Ramón Cossío Díaz (actual ministro de la Corte) sobre el papel de los abogados en la creación y reconstrucción de nuestro marco jurídico.

http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/derycul/cont/13/ref/ref11.pdf

Sugerencias para ser un mejor estudiante por Miguel Carbonell

 

1. Fíjate metas concretas respecto del trabajo que debes realizar como estudiante. No intentes aprender todo lo relativo a una materia o a un campo de estudio. Concéntrate en aprender la lección de hoy, en hacer la tarea que te dejaron, en terminar la lectura pendiente, etcétera. Se avanza mucho, en el desempeño académico y en la vida en general, cuando se dan pequeños pero ininterrumpidos pasos.

Eso no significa, sin embargo, que te debes conformar con lo más básico. Más bien debes tomar lo que acabo de decir como un punto de partida. Una vez que hayas cumplidos con los deberes primarios o los más importantes que supone la responsabilidad de ser un estudiante universitario, ya podrás dedicar todo tu empeño y toda tu energía en profundizar en el conocimiento, lo cual te permitirá ser un buen estudiante primero y luego un profesional de excelencia.

2. Escoge bien las materias y los profesores con los que vas a estudiar cada semestre. No son pocos los alumnos que eligen a sus profesores tomando en cuenta lo fácil que resulta poder aprobar con ellos. Se les llama “profesores barcos” y todo el mundo los conoce en las facultades. Pero la facilidad para pasar no debería ser el principal criterio para elegir a un profesor.

¿De qué te va a servir en tu vida profesional haber acreditado con buenas calificaciones todas las materias si en ellas no aprendiste nada o casi nada? ¿de verdad crees que nadie se dará cuenta que optaste durante toda la carrera por el camino más fácil, cuando tengas que demostrar tus conocimientos en el mundo profesional? Debes hacer un intento por cursar con los mejores maestros, sin importar qué tan difícil sea sacar con ellos buenas calificaciones. La meta principal de todo buen estudiante debe ser aprender. Una meta secundaria e instrumental es sacar buenas calificaciones.

 

3. Haz un esfuerzo por conocer y manejar todos los recursos a tu alcance. Debes estar familiarizado con los avances tecnológicos que te permitan ser un mejor estudiante. Igualmente, debes conocer bien los recursos y opciones que ofrece tu escuela o facultad para desarrollarte mejor desde un punto de vista académico. Debes conocer los horarios de las bibliotecas, la disponibilidad de asesoría individualizada por parte de algunos profesores o el acceso a base de datos que te proporcionan distintas instituciones.

No todo lo que debes aprender se enseña en el aula de clase, ni se encuentra en los apuntes que puedas ir tomando. Hay que buscar más allá y aprovechar cada uno de los recursos que tienes a tu alcance, que sin duda son muchos en la actualidad.

4. Conoce bien todo lo que ofrece tu universidad. El tiempo que pasarás estudiando en un centro universitario debe ser un espacio de enriquecimiento y de crecimiento no solamente académico, sino también personal. Si bien el principal cometido de tus días y de tus noches debe guardar una estrecha relación con los deberes que tienes como estudiante, también es cierto que siempre encontrarás la oportunidad para ampliar tus horizontes culturales o incluso deportivos, dentro de los recintos universitarios.

Es muy importante que conozcas las instalaciones deportivas, que acudas con frecuencias a los cineclubs universitarios o que recorras las exposiciones artísticas que se ofrecen. Todo ello servirá como un poderoso complemento al conocimiento técnico que deberás adquirir en la carrera y, a la postre, te dará una perspectiva más rica de la vida y de las muchas opciones que te ofrece tu país.

5. Aprende de forma activa. El número de horas disponible para cada materia es muy escaso. Hay materias en las que se deben dar muchos contenidos, de modo que a veces la exposición de clase debe ser breve. No te conformes con eso. Busca por ti mismo y profundiza en los temas que se vieron en la clase.

Pídeles a tus profesores que te recomienden bibliografía extra y materiales de refuerzo sobre los temas que van estudiándose en clase, para que puedas complementar los apuntes. Busca en internet las referencias que puedan existir (que seguramente sumarán cientos o incluso miles) e incorpora lo que consideres más importante en tus apuntes.

6. Maneja bien tu tiempo. La principal ocupación que debe tener un estudiante… es estudiar. Todo lo demás se debe subordinar a ese objetivo principal de los años que vas a pasar en la facultad.

Debes organizar tu tiempo de manera que el objetivo principal del día gire alrededor de tu horario de clases. Debes llegar fresco y descansado a tomar las clases, para que las aproveches por completo. También debes prever un espacio suficiente para hacer las tareas y para poder repasar lo que día con día irás viendo en clase.

Lo más práctico es hacer un esquema por escrito en el que dividas las horas disponibles y les asignes las tareas que debes realizar a lo largo del día. Debes hacer una planeación exigente, pero realista. De nada sirve que te propongas estudiar seis horas diarias si luego terminas dedicándole a esa actividad solamente dos. Hay que ser prudente y reconocer debilidades y fortalezas, pero siempre intentando dar el mayor esfuerzo que sea posible, para lograr la excelencia académica.

7. Desarrolla y mejora tus hábitos de lectura. Si estudias alguna carrera de ciencias sociales, la forma principal en la que desarrollarás tu aprendizaje será leyendo. A veces tendrás que leer textos un tanto áridos, plagados de tecnicismos y cuestiones detalladas. Algunos puede que te resulten aburridos, en comparación con una buena novela o un libro de poesía. Pero no hay ninguna otra forma por medio de la que puedas aprender, de modo que tendrás que dedicarle muchas horas a la lectura.

Siguiendo lo señalado en el punto anterior, haz un esquema de tiempo que vas a dedicar a la lectura diaria. Debes ser razonable, pero también debes estar consciente de que la lectura es uno de tus empeños principales como estudiante. Un estudiante que no lee es un mal estudiante, sin excepción. Poco a poco, procura incrementar el número de horas dedicadas a la lectura, hasta que adquieras un ritmo razonable de lectura diaria.

8. Desarrolla y mejora la atención que pones en clase y la forma en que tomas apuntes. No debes considerar que la clase es algo secundario en tu proceso de aprendizaje. Al contrario. La clase es el lugar y el momento más importante, a partir del cual puedes desarrollar todo tu potencial como estudiante.

Para aprovechar mejor la clase debes intentar sentarte en las primeras filas del aula y seguir con atención lo que van diciendo los profesores. Igualmente, debes esmerarte en tomar buenos apuntes, incluso comparándolos con los que toman otros compañeros, quienes te pueden auxiliar para completar alguna parte de la exposición que no hayas podido recoger debidamente. La confección de unos buenos apuntes puede hacerse perfectamente como un trabajo colectivo, en el que varias personas aporten y complementen lo que otros fueron tomando en clase.

Los apuntes no son el fin del camino en la ruta del aprendizaje, sino su inicio. Ningún estudiante que aspire a desarrollar un nivel de excelencia debe confiarse de que unos apuntes contengan todo el conocimiento sobre una materia, ni siquiera todo el conocimiento relevante.

Los apuntes deben guiarte respecto de los temas que el profesor considera más importantes y del enfoque que estima que debe adoptarse en cada punto, pero a partir de lo que hayas podido recoger en ellos, debes desarrollar una estrategia individual o colectiva de estudio que te permita ir profundizando en los temas y adoptando puntos de vista complementarios, incluso de escuelas de pensamiento que pueden no ser compartidas por tus profesores. Tener pluralidad de pensamiento es un rasgo que distingue a los profesionales más exitosos; esa pluralidad debe ser adquirida y ejercitada desde la carrera, cuando vas adquiriendo los conocimientos que te permitirán destacar en tu vida adulta.

9. Desarrolla y mejora la forma de escribir y de hablar. Una de las capacidades que debes adquirir en la carrera es la de hablar y escribir correctamente y con fluidez. La capacidad comunicativa es indispensable no únicamente para poder tener un buen desempeño profesional, sino también para desarrollarte en cualquier ámbito de la vida.

Debes ser capaz de hablar en público y de poder expresarte por escrito en distintos formatos: lo mismo ensayos académico que propuestas profesionales de contratos o convenios. Cualquiera que vaya a ser tu destino profesional, lo más seguro es que requieras de un buen nivel comunicativo, tanto en forma verbal como escrita. Debes aprovechar tu época de estudiante universitaria para mejorar en ambos aspectos.

10. Involúcrate en actividades extra-curriculares, que te permitan convivir, hacer amigos y desarrollar habilidades sociales que te serán muy útiles para tu posterior desarrollo profesional y personal.


Hay muchas maneras de lograrlo. En algunos de los puntos anteriores ya hemos mencionado algunas actividades culturales e incluso deportivas que puedes realizar en tu universidad. También nos hemos referido al trabajo en equipo que debes hacer para comparar y enriquecer los apuntes de clase o para preparar presentaciones colectivas, etcétera. Además de todo eso, que no es poco, puedes participar con tus compañeros y profesores a través de las redes sociales, que suministran hoy en día una plataforma extraordinaria de comunicación, del todo apta para compartir información y enriquecer tu experiencia universitaria.

 

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Roa Sanchez Tania Pamela

Jueces que no meten Gol. Gerardo Laveaga

Si como aficionados al futbol no estamos dispuestos a tolerar a un delantero que nunca meta un gol, ¿podemos aceptar que un juez no juzgue y se limite a palomear los documentos de un expediente? Echando mano de este símil, el autor del artículo —director del Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE)— nos comparte las expectativas que tiene de nuestros juzgadores con la reforma a nuestro sistema de justicia penal. Si usted fuera director técnico de un equipo de futbol, ¿conservaría a aquellos jugadores que, desde que firmaron su contrato, no han metido gol ni realizado jugadas oportunas? Imagine que, al despedirlos, los jugadores protestaran, aduciendo que ellos se habían presentado puntualmente a los entrenamientos, nunca habían llegado ebrios y, más aún, habían llegado a desplegar técnicas futbolísticas sofisticadas…

La reflexión viene al caso a propósito de los jueces de Chihuahua, que absolvieron al asesino de la joven Rubí Frayre en un juicio oral. Sus argumentos para haber emitido sentencia absolutoria son impecables: se plegaron a los principios procesales y respetaron las condiciones que señala la ley de Chihuahua. Nadie los podría sancionar por ello. Pero a un juez no se le contrata sólo para que siga las normas. Ni siquiera para que las haga cumplir, como en el caso de los árbitros en el futbol. En los términos del artículo 20 constitucional, se espera que él dirija un proceso cuya finalidad sea “el esclarecimiento de los hechos, proteger al inocente, procurar que el culpable no quede impune y que los daños causados por el delito se reparen”. Esto, naturalmente, tiene que hacerlo ceñido al debido proceso. Jugando limpio, vaya. Y esto fue, precisamente, lo que no hicieron los jueces del caso Rubí: pretextaron que, al prohibírseles tocar la pelota con la mano, era imposible meter gol. Sin embargo, con las reglas que tenían y las enormes posibilidades que les otorgaba la ley, debieron hallar la manera de conducir un proceso más creativo y, desde luego, más justo. Cuando converso con abogados de Inglaterra, Francia, Estados Unidos o España, su comentario es similar a la hora de calificar a los tribunales de nuestro país: “en México —estiman— los jueces penales no juzgan: son meros inspectores de control de calidad”. Se limitan a verificar si el agente del Ministerio Público hizo bien su trabajo. Actúan como autómatas, que consultan un instructivo y ven si, de acuerdo con éste, deben condenar o absolver. En ambos casos, se lavan las manos, declarando que la absolución o la condena es imputable al Ministerio Público. Soy admirador de la función judicial y, quizás por ello, soy tan severo a la hora de evaluar a aquellos burócratas judiciales que carecen de compromiso social. La función de los jueces no es aplicar un recetario —eso puede hacerlo cualquiera— sino fungir como impartidores de justicia. Aclaro: no en actuar como “justicieros”, cuya sola idea pone los pelos de punta a cualquiera, sino como servidores públicos responsables que, sin violar las reglas, generen confianza en la sociedad, absolviendo al inocente o castigando al culpable de un delito. “La justicia es un asunto estrictamente técnico”, me espetó una vez un magistrado. Su aseveración me aterró. Si lo fuera, pensé, en ningún país desarrollado existiría la figura del jurado popular que —en opinión de muchos juristas internacionales—, sigue siendo el método más eficaz de cuantos se han diseñado para administrar justicia: un grupo representativo de la sociedad decide la inocencia o culpabilidad de un indiciado, a partir de lo que se expone en un juicio público. El juez, simplemente, determina la sanción a partir de dicho criterio. En México no contamos con jurados populares, ni con magistrados legos, pero estamos construyendo un nuevo sistema acusatorio que, apuntalado en la publicidad y transparencia, nos permitirá ver de qué están hechos nuestros jueces, defensores, agentes del Ministerio Público, peritos y policías. Creo, por lo anterior, en contra de lo que algunos opinan, que el caso Rubí no ha demostrado la ineficiencia de los juicios orales sino, al contrario, su excelencia. Ha logrado que la sociedad esté enterada de lo que ocurrió y que los jueces rindan cuentas, en los términos del artículo 17 de la Constitución. Hacía mucho tiempo que no podíamos examinar con tanta nitidez un caso como el de Rubí. A pesar de la tragedia que entrañó, de la desafortunada intromisión de algunos políticos y de la estrechez de criterio de tres de sus protagonistas, hay que celebrar la apertura: avanzamos por buen camino hacia un juego de primera división, donde nuestros jueces tendrán que entender que, en el sistema acusatorio, no son árbitros sino centros delanteros. Y, en este sistema, la afición estará más atenta, más exigente y más crítica que nunca.

¿El propósito de la vida es ser feliz? por Andrés Roemer

Supongamos que existiera una máquina que nos pudiera ofrecer cualquier experiencia que deseáramos. La que sea. Imaginemos que distinguidos neurocientíficos estimularan nuestro cerebro para que pensáramos y sintiéramos nuestras fantasías. Estimado lector, defina su cosmovisión fantástica; los neurocientíficos van a hacer posible todas las ilusiones que lo hagan feliz –de por vida… pero bajo una sola condición: estar flotando en un tanque conectado con electrodos a su cerebro, para con ello poder “vivir” el simulacro de la vida perfecta. Dos preguntas:

    • ¿Usted se conectaría a esta superdotada máquina de por vida preprogamado de antemano a todas sus aspiraciones y fantasías?…

 

    • De hecho, le pregunto: ¿hay algo más importante cómo propósito de vida que ser feliz?


El creador de este experimento (1974) fue el filósofo Robert 
Nozick; y él concluyó que la respuesta a la primera pregunta es: “NO” y a la segunda pregunta es: “HAY MUCHAS COSAS QUE IMPORTAN MÁS QUE SER FELIZ.”


El dilema es simple: ¿qué es preferible, una vida simulada llena de placer y felicidad o una vida real marcada por experiencias diversas de desesperanzas, esperanzas, alegrías, amor, desamor, desilusiones, éxitos parciales y sueños incompletos?


A pesar de lo atractivo y seductor de “ser feliz para toda la vida”, muchos preferimos la vida en su existencia plena (con altas y bajas) en vez de la felicidad bajo electrodos.


La vida real, compleja, es un propósito en sí mismo. Queremos hacer y experimentar, no solamente sentir el placer de hacerlo. Sin duda, no todos somos como los otros. No todos piensan como Nozick o como su servidor. Hay muchos que su vida se conecta a “electrodos sustitutos”. Ingieren drogas que afectan la bio-química de su cerebro; asumen religiones que son un placebo contra la ansiedad que representa el sentido de la muerte (o el significado de la vida). O más común, “viven en piloto automático” las horas de su cotidianidad, para no sentir lo profundo de una vida compleja.


  Para los que renunciamos al “tanque de la   felicidad virtual”, la plenitud (felicidad) debe   conectarse con la intención de pensar, de   sentir lo que se piensa, de pensar lo que se   siente. En suma: concientizar que el   propósito de la vida es una vida con propósito.   El propósito implica estar vivo. Estar vivo   conlleva vivir una vida examinada.



Los terapeutas – desde masajistas y estilistas has pseudo-psicólogos y coachespersonales – mantienen la falsa creencia de que la gente debe sentirse bien consigo misma todo el tiempo, una noción que la ciencia socio-biológica encuentra fatalmente irreal. Todos tenemos contratiempos o días malos, periodos de tiempo difíciles o días de “mala suerte”.


Cualquier masajista, maquillista, futbolista o florista puede ser autoridad para “terapiar” a un necesitado. Nuestra búsqueda de sentido de la felicidad inmediata y la fragilidad de nuestra natura humana hacen de la terapia un sentido sin sentido psicológico. Eso es en lo que ha caído la comprensión de la psique y el sentido de la vida.


La psicología optimista sostiene que se vive mejor cuando se es entusiasta que cuando se es pesimista (¿obvio?). Pero, qué tanto nos engañamos con la visión de que todo está en la mente y la realidad no existe.


Lo relevante, es que muchas veces, el camino fácil a la felicidad, no nos provoca. Aún más, para la neurociencia la felicidad no es el fin del trayecto, sino el trayecto en sí.


Impreso en la sección Opinión y Análisis
El Universal
Febrero 7, 2009

Juan Francisco Higuera Camacho